viernes, 23 de marzo de 2012

EL VATICANO

Nombre oficial: Estado de la Ciudad del Vaticano.

Es una ciudad-estado cuyo territorio consta de un enclave dentro de la ciudad de Roma, en la península Itálica. Es uno de los seis micro - estados europeos y tiene una extensión de menos de la mitad de un kilometro cuadrado y una población de aproximadamente 900 habitantes, por lo que resulta un híbrido de ciudad elevada al rango de Estado independiente.

Es el país más pequeño del mundo, y el único que tiene por lengua oficial el latín; es  tan pequeño que sólo la Basílica de San Pedro ocupa un 7% de la superficie de su territorio; en conjunto, la basílica y la Plaza de San Pedro ocupan un 20% del territorio, lo que lo convierte en el territorio independiente más urbanizado del mundo.

Ciudad del Vaticano se fundó en 1929 tras la firma de los Pactos de Letrán celebrados entre la Santa Sede y el entonces Reino de Italia, que en 1870 había conquistado los Estados Pontificios.

Ciudad del Vaticano alberga la Santa Sede, máxima institución de la Iglesia católica. Aunque los dos nombres, Ciudad del Vaticano y Santa Sede se utilizan a menudo como si fueran equivalentes, el primero se refiere a la Ciudad y a su territorio, mientras que el segundo se refiere a la institución que dirige la Iglesia y que tiene personalidad jurídica propia, como sujeto de derecho internacional. En rigor, es la Santa Sede, y no el Estado del Vaticano, la que mantiene relaciones diplomáticas con los demás países del mundo. Por otro lado, el Vaticano es quien da el soporte temporal y soberano (sustrato territorial) para la actividad de la Santa Sede.

El Sumo Pontífice o Papa, es la máxima autoridad del Vaticano, es también el Jefe del Estado, por lo que puede considerarse la única teocracia de Europa, aún cuando el Papa delega las funciones de gobierno en el Secretario de Estado.

El Papa, antes de ser el jerarca de la Iglesia católica, y con base en el protocolo de las Santa Sede, es coronado príncipe del Estado Pontificio, para luego ser ungido como su Santidad.

Con base en lo anterior el Santo Padre viene a México en calidad de Jefe del Estado Vaticano y como Príncipe de la Iglesia Católica, la primera razón se fundamenta en la entrevista que sostendrá, primero que nada, con el presidente de México Felipe Calderón, políticamente hablando su contraparte en México, lo anterior se desprende de la investidura que posee Benedicto XVI como Jefe de Estado, en tal razón puede sostener conversaciones, negociaciones y acuerdos con el Jefe del Estado Mexicano.

Como Jerarca de la Iglesia Católica, oficiará misa en los recintos católicos en razón de la investidura que el propio Estado Vaticano le otorga como Príncipe de la Iglesia y el reconocimiento de la comunidad católica internacional, es decir, Benedicto XVI, juega ese doble papel que ningún Jefe de Estado o de Gobierno posee en el mundo, es un político que lidera a un Estado que en territorio posee menos de medio kilometro cuadrado, pero que según se dice posee una de las riquezas más importantes del planeta, y antaño controlaba uno de los bancos más importante de Italia, el Banco de Ambrosía.

La pregunta aquí es, ¿a qué viene a México Benedicto XVI? ¿es trasfondo político para tratar de sacar a flote el arca del PAN, la cual el báculo de Felipe Calderón no ha podido conducir a buen puerto? ¿o viene a calmar al rebaño mexicano que está inmerso en una situación de violencia provocada por la venta de armas de los gringos, así como el alto consumo de droga en los norteamericanos, que se produce tanto en México como en el resto de América Latina?

Cualquiera que sean las respuestas, objetivamente hablando no es el mejor momento para una visita de Estado o del Jerarca de la Iglesia Católica. México se encuentra inmerso en una guerra provocada por un gobierno que no tiene cuadratura en cuanto a la implementación de sus políticas y resultante de ello es la ola de inseguridad que se vive en todo el país, la presencia de Ratzinger en nuestro país es una simple patada del moribundo sistema político mexicano, liderado por el Presidente Felipe Calderón y su Partido, es una suma de las corrientes ultraconservadoras del panismo, en aras de conservar un poder que lejos de estar acorde con los postulados del catolicismo, se torna irascible con el fin único de conservar el poder político en México a cualquier precio.

En conclusión, es menester reflexionar la visita de Benedicto XVI a nuestro país, desde ambas perspectivas, como Jefe de Estado y como Jerarca de la Iglesia Católica, pero para eso necesito respuestas contundentes y hoy por hoy no tengo un boleto para ir a platicar con el señor Josep Ratzinger y pedirle que me explique el motivo de su visita a nuestro convulsionado país y por qué el arriesgar su persona en estas circunstancias tan especiales, será por fines religiosos o políticos. De cualquier manera, es factible decirle a Josep Ratzinger como lo hizo Jesucristo cuando los Fariseos y los Sumos Sacerdotes lo tentaron con la moneda preguntándole a quien debería pagar tributo si la imagen en la moneda era del Cesar, pues bien las cuestiones del Estado Mexicano son terrenas, las de la Iglesia espirituales: que le dé el señor Josep Ratzinger al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios ¿podrá?

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